Mi opinión también vale

Mistral

Gabriela y su destino

Escrito por makaya 10-11-2006 en General. Comentarios (0)

LOS NIÑOS, EL SUICIDIO Y EL HEROE:

El anarquismo reclama que cada persona se construya a sí misma como se hace un poema. Este predicamento puede ser exacto en sus precisas fronteras ilimitadas, pero se torna inconstante, va y viene, parece esfumarse, esquiva la palabra. Luego se lo corrige y el sueño adquiere lucidez y pasión: será un poema -es decir, será perfecto- o será un engendro. Del mismo modo debe de proceder un ser humano con su vida. Hay que buscarse, encontrarse, perseverar, tener una cuota de fe y otra de locura, corregirse hasta lo más íntimo. Peor que una obra inútil es una obra mediocre. El hombre, sostuvo Bakunin, no es una criatura, es un creador.

El artista, ¿qué clase de hombre es? Ciertamente alguien que bucea en lo desconocido, alguien que se arriesga, uno que prefigura lo que vendrá. Pero también puede ser "un hombre de letras" que huye del cambio, que entretiene al poderoso de turno, que voltea la espalda o sojuzga a la imaginación.

El artista es el gran utilizado. El dizque socialismo común lo prefiere como exégeta de sus logros, como propagandista; el burgués de todos los días lo ata al estipendio de su infortunio en aras de la moral. Nadie en realidad cree que el Arte -y los artistas- cumplan rol social alguno. Se los tolera a los artistas, no se los quiere; en el fondo se los desprecia envidiando secretamente, quizá, su capacidad para sobrevivir. El artista perturba, porque la obra de arte trasciende el tiempo. Sus materiales son históricos, sus resultados, imponderables, transhistóricos.

Nadie se mete con el artista, lo etiquetamos, que es algo así como domar al viento. Al interpretarlo, compararlo, someterlo a la crítica y asignarle diversas calificaciones; al clasificarlo, deshuesarlo, desconocerlo y olvidarlo; al denominarlo, colgarlo de un museo (¿existe algo más atroz que un museo?) o ensacarlo en alguna antología (las antologías son como museos de bolsillo), se hace posible dar el paso siguiente: vivir como si nada hubiera pasado. Sólo que algo pasa y lo que pasa se llama mutilación.

No sólo se mutila por censura una obra específica, también se mutila al artista cuando la autoridad -cualquier autoridad- hace las veces de filtro y pre-digiere en "beneficio" del escolar, primero, y del resto de la población, después, las formas y contenidos de la obra de arte. Los túneles así abiertos son casi infinitos, como infinita se abre una pesadilla; veamos dos o tres ejemplos, dejemos que vuelen los pájaros y se expresen los manidos botones de muestra: Wilde. Se dice de él ¡un escritor brillante!, como si el brillo pudiera contener a Wilde; Neruda. Se dice de él ¡un maravilloso poeta, sólo que se mete en política!, como si pudiéramos separar lo político de cualquier obra literaria; Wagner. Se dice de él ¡el compositor favorito de los nazis!, como si una calificación cualquiera pudiera dejar atrás al teórico del arte, al pensador, al grande músico que es; otras figuras no tienen mejor suerte: Kropotkin, pensador, experto en literatura, aficionado a la música, pasa a la historia cotidiana como un tira-bombas...

Y Gabriela Mistral será la autora de maravillosas rondas infantiles.

 

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Foto: Gabriela Mistral. 

 

LIBERARSE DEL PESO DE LA ENSEÑANZA.

Hablemos de la mutilación sistemática, de la sistematización del desconocimiento, del ocultamiento de la Mistral. Por tanto no caigamos en la trampa de decir que la raíz de su honda poesía y de la acerada tersura de su lenguaje son esto o aquello. Y dejemos en paz su adolescencia; que los muertos chismes entierren a los chismes muertos. Un escritor es más, ciertamente, que la justificación a posteriori de su obra.

Detrás de toda exégesis, detrás de toda preceptiva hay ése intento por justificar, esa gana de enmarcar y fijar ciertos rasgos en desmedro de otros. Hay quienes insisten en quedarse con la Gabriela nortina de los Sonetos de la Muerte. Es una primera forma de encerrarla. Habitualmente donde sí se la atrapa es a partir de su producción de rondas y poemas infantiles, o escritura con forma infantil, pero que -de mirarla con ojo agudo- de infantil sólo tiene el pretexto para establecer realidades, para llamar la atención sobre todas las cosas horrendas que sacuden y golpean el rostro de las buenas conciencias de nuestro tiempo. En todo caso, esas rondas infantiles contribuyen a darle el aura respetable y burocráticamente cristiana tan cara al gusto de obispos, profesores de literatura y demagogos varios.

Hasta aquí todos felices. Pero muchos asuntos no son todo lo que parecen ser.

 

UN SOMBRERO DE ALA ANCHA.

La artista ha sido congelada en la muerte suicida; también yace aplastada con la imagen de nodriza de la niñez femenina, algo así como forjadora de almas tiernas. Situémosla ahora frente al héroe; codo a codo con un héroe muy especial. Porque no toda heroicidad es igual y no sabe lo mismo pan de rico que pan de pobre.

Hay lugares comunes de la acción y del lenguaje, de la justificación y de la agresión. En este invierno húmedo de 1987 en Buenos Aires, Nicaragua resulta un tópico algo cansador. Sus 45 mil muertos no tienen rostro para el ávido encendedor de las noticias de la TV; no tienen nombres ni fotos en los periódicos. A fines de la década de 1921-1930 sin duda ocurriría algo semejante: Nicaragua era un tema insoslayable, un tábano sobre las pieles ganosas de no meterse en nada, de no ver, ni oir, ni hablar de nada.

Entonces también moría gente en Nicaragua, allá lejos. Había un pueblo en armas y -lo que marca una diferencia importante- no había tanta mano de "contra" (es decir, de gato) para sacar las castañas del fuego. Tampoco hubo el hermoso hotel de la isla Contadora para tratar "el caso Nicaragua y la paz de América Central", pero

—del mismo modo— muchos hicieron todo lo posible para pasar por debajo de la mesa y salirse de problemas.

 

 

 

Foto: General Augusto César Sandino.

 

En París, hacía 1928, alguien publica un texto. Sandino. Augusto Sandino usaba un sombrero de ala ancha y comandaba un ejército. Luchaba -y vencía- a otro ejército, uno de hombres altos que no hablaban el mismo idioma; el mismo ejército que otro general hecho en el combate había derrotado en años anteriores: el general Villa, en México, y que, años más tarde, iba a ser de nuevo vencido, esta vez por un pacífico tío Ho, en la ex Indochina francesa, o sea el Viet Nam.

¿Qué decía la Mistral, desde París, con el estilo tan suyo, tan severo y rígido y lleno de piedra y oro? ¿Para quiénes era el mensaje? Aclaremos: la lucha de Sandino era una guerra -que no cesa- en contra del imperialismo. En sus combates toda consideración épica era esencialmente política. Y para horror de puros, Gabriela Mistral, futuro premio Nobel de Literatura, hunde la mano y el alma, su propia y esencial personalidad en este asunto. Apoya al general de hombres libres. Apela a la juventud para librar nuevos combates, apostrofa a los comodones de siempre -la casta política- para que "dejen sus sillones" y vayan a servir "como soldados rasos" a Sandino. Con su tono mosaico, con lenguaje que podemos rastrear hasta las primeras páginas bíblicas, Gabriela se conduele de que existan incapaces de defender la América -"su" América, "nuestra" América- de un invasor extranjero. En Sandino la Mistral dice otras e importantes cosas, pero ¿cuántos conocemos este trabajo? De seguro que los jóvenes estudiantes no lo leen en sus clases de literatura en el capítulo dedicado a Gabriela Mistral.

Esta es una revista literaria, Gabriela es personalidad importante en las letras de habla hispana. No me he separado, pues, de los temas propios de la literatura. Sólo que la literatura -como podría decir un intelectual al día- tiene muchas lecturas. ¡Cosas de la preceptiva!

 

Jorje A. Lagos Nilsson

 

Publicado en Revista El Trauco, Nº3, Primavera de 1987.

Esculcarán huesos de Gabriela Mistral y Yin Yin

Escrito por makaya 30-09-2005 en General. Comentarios (20)

Virginia Vidal


El ministro de Cultura José Weinstein declaró en televisión nacional que con la llegada de los huesos de Yin Yin se podrá averiguar mediante prueba del ADN si es el hijo de Gabriela Mistral salido de su útero; con esta prueba se creará jurisprudencia y se podrá extraer el ADN de los huesos de Bernardo O’Higgins para determinar su origen afro o mapuche. Por cierto, para que la prueba resulte exacta, también se esculcarán los huesos de Gabriela.
Aunque Gabriela Mistral jamás pidió ni planteó ni expresó el deseo de que su adorado Yin-yin fuera enterrado junto a ella, así lo ha decidido este gobierno de Lagos. Podía habérsele ocurrido crear la beca “Juan Miguel Godoy Melgonza” para los niños sin padre de Chile. O haber editado una edición popular de la obra de Gabriela para distribuirla gratuitamente a todos los escolares de escuelas municipalizadas.
El gobierno además consolidará el culto a las animitas en este periplo de ir a buscar los huesos a Brasil, traerlos a Santiago el próximo sábado, donde sin duda escamotearán uno para llevarlo al Instituto Médico Legal, llevarlo a Montegrande y hacer la gran ceremonia abriendo la tumba de la poetisa y aprovechando de birlar otro hueso.
El joven suicida fue sepultado hace sesenta y dos años, en Petrópolis, Brasil, donde vivía junto a la poetisa que lo crió desde poco después de nacer, cuando murió su madre. El 1 de octubre se trasladarán a Vicuña por vía terrestre. Allí habrá una misa, recitales poéticos y homenajes populares. La conmemoración durará todo el día, desde las doce en adelante. Al día siguiente, El próximo domingo, esos huesitos de Yin-yin serán enterrados en Montegrande entreverándolos con los huesos de la mujer que cantó como ninguna chilena a las madres y a los niños.
Simultáneo al culto de la animita, seguirá el venteo de la discusión sobre el lesbianismo y la maternidad secreta de Gabriela, pero ni el Ministro de la Culrura ni el ministro de Educación moverán un dedo para que en este país se conozca, se lea, se divulgue toda la obra de nuestra primera Premio Nobel de América.