Encuentro con Pedro Lemebel, actor y escritor.

Escrito por makaya 27-01-2008 en General. Comentarios (1)

Fecha:

martes, 02 de octubre de 2007

Lugar:

Salón Pentágono, Universidad de La Serena, Campus La Colina

 

De lo que contó Pedro Lemebel

 

—Pero lo que tu haces es crónica —me dijeron. (yo no tenía idea)

 

 

Pregunta capsiosa

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—¿tú eres homosexual?

—No, soy hetero y de derecha... nunca quise ser escritor, quería ser trapecista.

 

  

Acerca de “Las Yeguas del Apocalipsis” con Pedro Lemebel y Francisco Casas.

 

—Cuando nos dijeron que lo que nosotros hacíamos se llamaba performance. Lo entendimos como si fuera un pasaje a Nueva York.

 

Podemos preguntar ahora ¿qué es subversión?

 

De lo malo, lo bueno

 

El año 86 presenté un Manifiesto en el local del PS, me dejaron leerlo, me miraban con caras raras. Una señora se me acercó y me preguntó:

—¿Y Ud. conoce la Plegaria del Labrador... de Víctor Jara?

—Si— le respondí.

—Pues lo suyo se parece a la Plegaria del Maricón.

 

Respecto de eso escribí una crónica en el diario y me pagaron.

  

 

Acerca de la piratería

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Un día vi que en la calle vendían mi libro, pirateado.

—¡Hey, señora!¡Ese libro que tiene allí lo escribí yo!

—¿Usted es Pedro Lemebel?— preguntó la señora.

—Sí— le dije calmado, viendo que la señora parecía creer que le iba a cobrar.

—¡Uyyy!— exclamó —¡Fíjese que no se vende nada!

 

  

De los vínculos con el FPMR

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A mediados del 95, se me encargó hacer la portada del libro “La montaña es más que una inmensa estepa verde”, (se cree que todos los homosexuales somos artistas)  se pensó que debía ser con una imagen de Sandino en primer plano, la cordillera atrás y los colores blanco, azul y rojo (parecía la carátula de un disco de Los Huasos Quincheros). Tiempo después en televisión se dio la noticia de que “una casa del Frente Patriótico Manuel Rodríguez fue allanada, encontrándose armas las cuales fueron incautadas (con cueva teníamos una honda). Mostraban en la TV imágenes del material incautados y entre esto el mentado libro que todavía no había sido editado.

Al tiempo el libro apareció pirateado. Lo había entregado a un amantillo que tenía y al cual le pagué con el libro.

 

 

El origen del Titulo de uno de sus libros

 

El título del nombre “Tengo miedo, torero” lo escuché de un travesti que imitaba a Sarita Montiel, y a quien le escuché una canción que decía así. Me acerqué y le pregunté como se llamaba la canción y me dijo:

     Tengo miedo torero

     ¿Y qué más?— le urgí.

     Tengo miedo torero de que en las noches tu risa flote...

El libro fue traducido al alemán con otro título y significó recibir más de 150 preguntas acerca de pasajes del libro, para su traducción. Prácticamente querían que les contara el libro de nuevo.

La traducción al inglés no costó tanto pero me preguntaron por el título, que si el torero tenía miedo o el personaje principal del libro. Me limité a relatarle lo del travesti. Viajaron los gringos a España a contactarse con la Fundación Sarita Montiel y escuchar la letra completa del tema “Tengo miedo torero”, pero Sarita nunca había grabado semejante tema, ni nadie más.  ¡Maricón desgraciado!, me había mentido.

 

Con Roberto Bolaño

 

Cuando me encontré con Roberto Bolaño me dijo que no le había gustado el libro y más que libro era un folletín. Yo viendo ahora me doy cuenta que si es un folletín. Roberto me lo decía con su acento lleno de zetas y le dije:

—Roberto, cuantos años vives en España

—Pues, unos cuantos años

—Pero cuantos?

—Pues desde los veinte años

—Y en tan poco tiempo perdiste el acento chileno

—Y lo perdí

—En tan poco tiempo

—Lo perdí

Y así podríamos haber seguido eternamente.


 

Con Gladys Marín

 

—Pedro, ¿Haz leído “El Capital”

—No— le dije —Estoy esperando a que den la película.

 

A Gladys le preocupaba eso de la cultura popular. Me preguntó si me gustaba la opera (¡qué me iba a interesar ver unas viejas guatonas cantando como diucas!), que la habían invitado del Sindicato a ver “La Traviata”, finalmente tuve que decir que sí. La estaba esperando la secretaria del Sindicato y la ubicó en la segunda fila del palco, yo comentaba cosas con ella y una mujer me hizo callar, le contesté con un desprecio. Gladys me dijo que me portara bien. A los diez minutos hubo un corte y salimos al foller. La secretaria nos preguntó que nos parecía la obra, Gladys respondió encantada y yo le reafirmé. Volvimos a la sala, después hubo otro corte. Cuando nuevamente volvimos Gladys pregunto:

—¿Realmente te gusta la ópera, Pedrín?    

—¡Para nada! ¡Estoy aburridísimo!— contesté.

—Entonces cuando se apague la luz, salimos sin que nadie se de cuenta- me dijo.

Así fue que salimos, con tal mala suerte que nos encontramos a boca de jarro con la Secretaria del Sindicato. Nos miró y nos dijo apenada:

—No les gustó la obra.

—¡Nooo!— respondió Gladys, argumentando enseguida —lo que pasa es que tenemos una reunión muy importante y tenemos que retirarnos.

 

A Gladys no la conocí tanto tiempo como algunos creen. Fue más bien poco tiempo...

 

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Notas:  Pedro Lemebel, excelente artista y talentoso narrador ante un público muy joven que disfrutó sus relatos y supo mantener la atención y la expectación durante su presentación en La Serena. Nos dedicó unas letras que fueron publicadas en el N°213 de nuestra Revista Añañuca.

E-mail:lmacaya@hotmail.com